Los gobernadores se equivocan al confrontar al presidente electo. Andrés Manuel tiene legitimidad y respaldo: Texto del Senador @RicardoMonrealA de @MorenaSenadores

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Texto del Senador Ricardo Monreal coordinador del Grupo Parlamentario de MORENA Senado

En México se ha construido un sistema constitucional de contrapesos ideal. En la práctica política, se trata de un régimen centralizado y en que el federalismo ha sido letra muerta hasta ahora. Por ello, me parece que es un error estratégico confrontar al Ejecutivo federal desde una entidad federativa o municipio, sin importar el signo político que los respalde. Entre otras razones, por las siguientes:

a) La debilidad institucional en la relación del Ejecutivo federal con los ejecutivos locales y municipios.

b) La enorme dependencia económica de esos niveles de gobierno hacia la Federación, pues vulnera la autonomía de éstos.

c) La falta de capacidad para enfrentar aislados y solos los problemas suscitados por la inseguridad, rubro que concentra el mayor reclamo social en el país, además de que muchas de sus policías estatales, ministeriales y municipales están permeadas por la delincuencia organizada y están a su servicio, o son susceptibles de cooptación.

d) La significativa deuda pública que tiene la mayoría de las entidades federativas, provocada por herencias o por programas de inversión indispensables, sin señalar si el dispendio, la corrupción y la desviación de recursos han contribuido a ella en algunos estados. En cualquier caso, en materia de inversión para infraestructura educativa, social y de comunicación, entre otras, requieren el respaldo de la Federación. No sería conveniente pensar en aislarse y situarse como entes públicos de contraste.

Entiendo la motivación de algunos gobernadores, presidentes municipales o incluso titulares e integrantes de otros poderes y organismos autónomos al mostrar independencia de criterio y cuestionar políticas públicas. Siguiendo la tradición política, esta posición y motivación pudiera incluso considerarse normal en la época de la transición política sexenal o de la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación en la búsqueda de mayores ingresos o programas para sus espacios de responsabilidad política y territorial. Sólo hay una diferencia: hoy gobernará el país Andrés Manuel López Obrador, y los cánones de la ortodoxia política no son aplicables a él, pues no harán mella ni la presión, ni la movilización mediática. Por ello, considero que sería preferible buscar una manera distinta de la confrontación para acordar los futuros planes y acciones.

¿Dónde elegirán situarse los gobernadores los próximos días, y cómo reaccionarán si no se aprueban las reformas planteadas sobre seguridad pública, y si, en un hipotético caso, observando estrictamente la Constitución, el comandante supremo de las Fuerzas Armadas ordena que retornen a los cuarteles los elementos de la Marina y el Ejército, e incluso de la Policía Federal, en un intento franco por evitar la simulación?

¿Cómo responderán a sus gobernados en el ámbito de su jurisdicción, frente al clima de inseguridad creciente y de pérdida de territorios completos en el país a manos del crimen organizado?

¿Dónde se colocarán para cumplir con los reclamos sociales crecientes?

¿Cómo resolverán los problemas de connivencia, complicidad e, incluso, protección de las policías locales al crimen y la delincuencia organizados?

Los mandatarios estatales y municipales tienen su derecho a salvo y su libertad para protestar, así como para asumir posiciones de contraste frente al presidente de la República. Es incuestionable, y no habrá ninguna mención ni comentario en contra de este elemental derecho a la inconformidad. Sólo deberían meditar mejor su estrategia y táctica para lograr sus propósitos; están ante un presidente respaldado por una gran legitimidad y una indiscutible autoridad moral que puede conducir a la ciudadanía a tomar posiciones en uno y otro sentido, y a hacer más visibles y profundas las diferencias.

Desde la lógica del poder estatal, y a partir de mi experiencia en el ejercicio de la función pública en este ámbito, puedo afirmar que es un error enfrentar de esta manera a un Ejecutivo federal con las características de Andrés Manuel López Obrador. Y los reclamos pueden ser o no legítimos, como también puede ser benéfica o no la manera de plantearlos.

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