La noticia de su muerte me estremeció, me entristeció: Capitan Briseño

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Por Nancy Rodríguez

En emotivo discurso, el Capitan Mauro Enrique Briseño González, conmovió a los presentes en la ceremonia donde su padre, del mismo, nombre recibió el Premio Nacional de Protección Civil en un homenaje  post mortem, al dar su vida por ayudar. La ceremonia se realizó en Palacio Nacional en presencia del Presidente Enrique Peña Nieto.

Relata su hijo, que el 16 de septiembre del 2013, el Huracán Manuel provocó un alud que sepultó a la población de La Pintada, una comunidad de aproximadamente 600 habitantes, ubicada en la Costa Grande del Estado de Guerrero.

Derivado de un gran trabajo en equipo y una coordinación oportuna, las autoridades federales llegaron a la localidad y en una cadena de actos heroicos, fueron rescatadas y evacuadas 520 personas, en un trabajo conjunto con la Coordinación Nacional de Protección Civil, desarrollado de la mano y armonía entre las Fuerzas Armadas y Policía Federal.

 Lamentablemente se reportaron 68 personas desaparecidas.

 “Mi padre, al igual que la valiente tripulación a su lado, conocían el riesgo que corrían, derivado de las condiciones climatológicas adversas”.

 Sin embargo, “emprendieron su misión con el único fin de proteger y servir a la comunidad, el cual es nuestra máxima, y vivimos y morimos por ella”, destacó el Capitan  Briseño

 Fue así que al realizar las tareas de rescate y apoyo a la población civil, el helicóptero que comandaba mi padre, se desplomó y lamentablemente encontraron la muerte: Desiderio, José Ramón, Julio César, Isaac y mi padre.

 "Ellos, de acuerdo a lo que nos enseñaron y aprendimos como cuerpo, se fueron como un equipo".

Por todo lo anterior, estimado lector y como un reconocimiento más, a la memoria de estos heroes mexicanos , a continuación presentamos, de manera  textual las emotivas palabras del Capitan Briseño sobre  su niñez y su adolescencia al lado de su padre que murió en el cumplimiento de su deber:  

-Hace uso de la palabra el Policía Primero, Capitán Piloto Aviador, Mauro Enrique Briseño González, hijo del Comisario caído en servicio.

-CAP. MAURO ENRIQUE BRISEÑO GONZÁLEZ: Morir es nada, cuando por la Patria se muere: José María Morelos y Pavón.

  Señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Enrique Peña Nieto:

Con su permiso.

 Señor Secretario de Gobernación y honorable presídium:

 Es para mí un motivo de gran orgullo hablar en nombre de mis compañeros premiados de la Policía Federal, entre ellos, mi padre, Enrique Briseño Martínez, Coronel Piloto Aviador Diplomado de Estado Mayor de la Fuerza Aérea y Comisario de la Policía Federal.

 Fue un ejemplo a seguir desde mi niñez. Cuando era pequeño, le escuchaba hablar sobre sus sueños de comandar un escuadrón de helicópteros. Decía que un integrante de las Fuerzas Armadas mexicanas estaba obligado a entregar su vida por su Patria.

 Conforme crecí, mi padre se convirtió en un amigo y confidente. Reíamos, jugábamos, charlábamos.

 Sentía que crecía hombro a hombro, y eso me dio la fortaleza y visión para seguir sus pasos.

 Cuando se retiró de la Fuerza Aérea lo noté entusiasmado. Su deseo de ingresar a Policía Federal era firme como una roca.

 Mi propósito es liderar la flota de helicópteros de Black Hawk. Será una experiencia sin igual, expresó mi padre antes de presentar los exámenes de control de confianza.

 Está seguro, le cuestioné en algunas ocasiones. Mi lealtad con la institución y el pueblo de México son inamovibles, siempre me contestó.

Consideré que mi padre era un patriota y tenía valores bien cimentados, y siempre portó el uniforme con orgullo.

Cuando le comenté mi decisión de seguir sus pasos como piloto aviador, no se sorprendió.

Creo que en el fondo, igual que yo, anhelaba que su hijo el mayor estuviera en los controles de una aeronave para sentir, también, la adrenalina de las operaciones aéreas.

 Sus anécdotas sobre los operativos en contra de la delincuencia y en apoyo a la población civil en caso de desastres, siempre tenían un buen sabor de boca, por las satisfacciones que a él le generaban.

 En cuanto inicié los procedimientos para hacerme piloto aviador de Black Hawk y seguir sus pasos, su orgullo creció.

A todos sus amigos les decía: Mi hijo será piloto como yo, y me encargaré de conducirlo para que sea el mejor.

 Mi madre, aunque más reservada, en el fondo compartía la misma felicidad que mi padre. Creo que ella, al igual que muchas esposas de Policías Federales, estaba acostumbra a sus ausencias y a mantener la atención cuando él se encontraba cumpliendo su deber con su patria.

Cuando ingresé a la Policía Federal, mi padre me recordó los valores que inspiran a quienes somos integrantes de esta honorable institución: Sin importar si hace frío o calor, si es domingo o día festivo, incluso Navidad, cumplimos siempre con nuestro deber.

 La característica primordial de los soldados, marinos y policías, es servir a nuestro pueblo.

 Mi padre me enseñó también la importancia de la camaradería y el trabajo en equipo en el interior de una aeronave, me transmitió parte de su experiencia para volar sin algún peligro.

 La forma de aterrizar para desembarcar a los compañeros de la institución que realizarían operaciones terrestres, para deshacer organizaciones criminales, a formar un trabajo en equipo.

 Mi padre era un gran hombre. Un padre que me dejó tantos recuerdos, buenos y positivos.

 El 16 de septiembre del 2013, el Huracán Manuel provocó un alud que sepultó a la población de La Pintada, una comunidad de aproximadamente 600 habitantes, ubicada en la Costa Grande del Estado de Guerrero.

Derivado de un gran trabajo en equipo y una coordinación oportuna, las autoridades federales llegaron a la localidad y en una cadena de actos heroicos, fueron rescatadas y evacuadas 520 personas en un trabajo conjunto con la Coordinación Nacional de Protección Civil, desarrollado de la mano y armonía entre las Fuerzas Armadas y Policía Federal.

 Lamentablemente se reportaron 68 personas desaparecidas.

 Mi padre, al igual que la valiente tripulación a su lado, conocían el riesgo que corrían, derivado de las condiciones climatológicas adversas.

Sin embargo, emprendieron su misión con el único fin de proteger y servir a la comunidad, el cual es nuestra máxima, y vivimos y morimos por ella.

 Fue así que al realizar las tareas de rescate y apoyo a la población civil, el helicóptero que comandaba mi padre, se desplomó y lamentablemente encontraron la muerte: Desiderio, José Ramón, Julio César, Isaac y mi padre.

 Ellos, de acuerdo a lo que nos enseñaron y aprendimos como cuerpo, se fueron como un equipo.

 Se fueron como una tripulación, se fueron como una familia, se fueron juntos cumpliendo su deber y eso siempre será ejemplo para nosotros, como tripulantes de aeronaves, asimismo como familia.

Recibir la noticia de su muerte y la de mis compañeros me estremeció, me entristeció. No hay palabra o acción que yo pueda describir que nosotros, sus familiares, hubiéramos encontrado para mitigar nuestro dolor.

Sin embargo, a las familias de mis compañeros y a la mía nos llenó de orgullo el saber que habían entregado la vida por otras personas y, en especial, por su patria.

Los integrantes de este equipo de Policía Federal habían entregado su vida cumpliendo el deber, como fue su anhelo.

 Se fueron y nos dejaron sumidos en una gran tristeza.

 Ahora, después de varios meses, recordamos sus dichos, sus consejos, sus acciones.

 No sólo eran hijos y padres ejemplares, eran también grandes amigos, maestros y, sobre todo, camaradas.

 Gracias a sus consejos, muchos de los pilotos jóvenes hemos logrado desarrollarnos para ser mejores pilotos aviadores, mejores amigos, mejores compañeros, incluso mejores hombres.

 A los familiares de los policías federales caídos en aquel accidente, hoy les rendimos honores por su valentía, entrega y abnegación.

Hoy también rendimos homenaje a todos los servidores públicos, desde el Ejército, Marina, Fuerza Aérea, Policía Federal, Coordinación Nacional de Protección Civil y todas las instituciones de la República que arriesgan sus vidas día con día, por poner a salvo la de los demás.

            Están siempre en nuestras mentes y corazones.

            Muchas gracias. 

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